¡Bienvenida Carla Sagulo !



Cebras

Cebras que pastan; el amor
tiene formas así, penachos
cuando logra que el minuto se complete,
devore la hora, preñada de días,
tal vez años, tal vez fila de estrellas,
y mueva la cola al compás de las moscas
y las moscas se retiren a su muerte por un rato.

Anoche me encontré con una: no pastaba,
bebía, con paciencia de cebra de unos ojos.
Me hizo pensar en que, quizás, el amor
podría haber cambiado de elemento.
Porque esa cosa, también, va por el aire;
se han visto nubes con forma de caballo naranja,
duraznos perfectos, se pudo ver el cielo entero
alguna vez, qué tiempos...

Pero el aire ahora
no quiere darnos nada
y no hay ni un minuto vacío:
vivo abarrotada de conciencia
en el congreso de usureros,
en la fábrica de anteojos;
podría morir de asfixia o
vidrios rotos.

Podría morir de tantas cosas:
invadida por la fe, descerebrada,
mordida por la artrosis, la gangrena
o por besar una pantalla y recibir
la patada eléctrica de todos los toros.

O no. Mirá la vida:
¿ese trueno que ahora escucho,
ese rayo por las nubes,
no es la cebra
desbocada que regresa?



Carla Sagulo nació en Buenos Aires en 1977. Publicó El vino de la casa (Ediciones VOX, Bahía Blanca, 2007), Fuego chico (Nulú Bonsai Editora, Buenos Aires, 2009) y Toro (Felicita Cartonera, Asunción, 2011). Poemas suyos han aparecido en publicaciones virtuales y en las antologías Lo humanamente posible (Editorial El fin de la noche, 2008), Atada a la reacción (Nulú Bonsai Editora, 2011), Un libro oscuro, 105 poemas negros (Bajo la luna, 2012) y 40 velocidades (Editorial Neutrinos, Rosario 2014). Es Profesora en Letras por la UBA. Actualmente, trabaja como docente en la UNAJ y el Colegio Paideia. Desde 2008 coordina talleres de lectura y escritura en el Programa Cultural en Barrios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y en forma particular.

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